|
De Lina Zerón del libro CIUDADES DONDE TE NOMBRO
En ésta ciudad donde los aullidos de muerte encienden la oscura esfera de la noche, escucho el tic tac de tu corazón que se duele
por los cuerpos mutilados de tantos niños
niños que podrían ser nuestros hijos
padres que podrían ser nuestros padres
en una guerra desposeída de verdad.
Y yo que muero de amor,
de incertidumbre muero,
muero sin tener noticias tuyas
y busco tu nombre en el periódico
algún rastro de tu rostro
alguna advertencia de que sigues vivo
que has podido escapar de la odiosa ambición
de un país por quedarse con los gasoductos.
En ésta ciudad de melodiosos rezos
uno mis plegarias por la vida.
No permitas Señor
que extingan esta parte del planeta, no lo permitas.
No te apiades de aquel que con su odio nos extermina, destrúyelo, piérdelo en su propia penumbra hecho de sangre maldita e insanas tinieblas.
No lo perdones,
dale un ejemplar castigo,
déjalo vivir como un ángel leproso
que sólo así tendrá ocasión de pudrirse
y descomponerse en el infierno.
|